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Lumbalgia: causas, alarmas y tratamiento de fisioterapia

La lumbalgia es una de las causas más frecuentes de dolor y limitación física. Puede aparecer después de levantar peso, realizar un movimiento inesperado, pasar muchas horas sentado o aumentar bruscamente la actividad deportiva. En otras ocasiones comienza sin un desencadenante evidente.

Aunque el dolor lumbar puede ser intenso y limitar actividades tan sencillas como levantarse de la cama, caminar o ponerse los zapatos, su intensidad no siempre indica que exista una lesión grave en la columna.

La mayoría de los casos evolucionan favorablemente con un tratamiento conservador basado en educación, mantenimiento de la actividad, ejercicio progresivo y fisioterapia. Sin embargo, existen determinadas señales de alarma que requieren valoración médica urgente.

En este artículo explicamos qué es la lumbalgia, por qué puede aparecer, cuándo debemos preocuparnos y cómo se plantea actualmente su tratamiento.

¿Qué es la lumbalgia?

La lumbalgia es el dolor localizado en la parte baja de la espalda, aproximadamente entre el borde inferior de las costillas y la zona de los glúteos.

El dolor puede permanecer localizado en la región lumbar o extenderse hacia los glúteos y las piernas. También puede acompañarse de rigidez, sensación de bloqueo, dificultad para moverse o pérdida temporal de confianza al realizar determinados gestos.

Según su duración, habitualmente se diferencia entre:

  • Lumbalgia aguda: aparece de forma reciente.
  • Lumbalgia subaguda: se mantiene durante varias semanas.
  • Lumbalgia crónica o persistente: dura tres meses o más, aunque su intensidad puede variar con el tiempo.

Esta clasificación ayuda a orientar el tratamiento, pero no explica por sí sola la causa del dolor.

La Organización Mundial de la Salud considera que alrededor del 90 % de los casos corresponden a una lumbalgia inespecífica. Esto significa que no existe una enfermedad concreta o una única lesión estructural que explique completamente los síntomas.

¿Cuáles son las causas de la lumbalgia?

La lumbalgia no suele tener una única causa. En la mayoría de los pacientes interviene una combinación de factores físicos, laborales, deportivos, emocionales y relacionados con el estilo de vida.

Por este motivo, resulta más adecuado hablar de factores que pueden contribuir al dolor que intentar responsabilizar exclusivamente a una vértebra, un músculo o una postura.

 

Sobrecarga o cambio brusco de actividad

Un episodio de dolor lumbar puede aparecer después de:

 

  • Levantar o transportar una carga a la que no estamos acostumbrados.
  • Realizar movimientos repetidos de flexión o rotación.
  • Aumentar de forma brusca el volumen de entrenamiento.
  • Volver al deporte después de un periodo de inactividad.
  • Realizar una mudanza, tareas domésticas intensas o trabajos físicos exigentes.
  • Permanecer mucho tiempo en una misma posición.

El problema no siempre es el movimiento en sí, sino que la carga supere temporalmente la capacidad de adaptación de los tejidos.

 

Reducción de la actividad física

El sedentarismo no provoca automáticamente lumbalgia, pero puede reducir la fuerza, la resistencia y la tolerancia de la espalda ante determinados esfuerzos.

Cuando una persona pasa de una actividad muy baja a realizar una tarea intensa, aumenta la posibilidad de que aparezcan dolor y rigidez.

 

Fatiga, estrés y falta de descanso

El estrés mantenido, la preocupación, la falta de sueño y la fatiga pueden aumentar la sensibilidad del sistema nervioso y reducir la tolerancia al dolor.

Esto no significa que el dolor sea imaginario. Significa que la experiencia dolorosa depende tanto del estado de los tejidos como de la forma en la que el sistema nervioso procesa la información.

En los casos persistentes, factores como una elevada intensidad inicial del dolor, el malestar psicológico o la presencia de dolor en distintas zonas corporales pueden aumentar el riesgo de una evolución más prolongada.

 

Lesiones y alteraciones de la columna

En algunos pacientes puede identificarse una causa más concreta, como:

  • Hernia o protrusión discal con irritación de una raíz nerviosa.
  • Estenosis del canal lumbar.
  • Espondilolistesis.
  • Fractura vertebral.
  • Artrosis lumbar.
  • Enfermedad inflamatoria, como la espondiloartritis.
  • Infección vertebral.
  • Tumor o metástasis.
  • Síndrome de la cola de caballo.

Estas causas específicas son mucho menos frecuentes que la lumbalgia inespecífica, pero deben considerarse durante la valoración.

En nuestra sección sobre patologías de columna y problemas musculoesqueléticos puedes encontrar información complementaria sobre lumbalgia, protrusiones y hernias discales.

 

Dolor procedente de otras zonas

No todo dolor percibido en la región lumbar se origina en la columna.

Determinados problemas renales, digestivos, ginecológicos o vasculares pueden producir dolor referido hacia la espalda. Por eso es importante valorar si el dolor cambia con el movimiento y si está acompañado de síntomas generales, abdominales, urinarios o pélvicos.

 

¿Una mala postura provoca lumbalgia?

No existe una única postura perfecta que pueda mantenerse durante todo el día.

Estar sentado con la espalda flexionada no significa necesariamente que vayamos a lesionarnos. Del mismo modo, mantener continuamente una postura rígida y aparentemente correcta tampoco garantiza que no aparezca dolor.

El principal problema suele ser mantener durante demasiado tiempo una posición que resulta incómoda o para la que no tenemos suficiente tolerancia.

En lugar de buscar una postura ideal, suele ser más útil:

 

  • Cambiar de posición con frecuencia.
  • Levantarse y caminar periódicamente.
  • Alternar tareas.
  • Ajustar el puesto de trabajo.
  • Mejorar progresivamente la tolerancia a estar sentado, de pie o inclinado.
  • Realizar actividad física de forma regular.

La espalda está preparada para doblarse, girar y soportar carga. El objetivo no es evitar esos movimientos, sino recuperar la capacidad para realizarlos con seguridad.

 

Diferencia entre lumbalgia y ciática

La lumbalgia se refiere principalmente al dolor localizado en la zona baja de la espalda.

La ciática o dolor radicular suele aparecer cuando existe irritación o compresión de una raíz nerviosa lumbar. Puede provocar:

 

  • Dolor que baja por el glúteo y la pierna.
  • Hormigueo.
  • Adormecimiento.
  • Sensación de descarga eléctrica.
  • Alteraciones de la sensibilidad.
  • Pérdida de fuerza en determinados movimientos.

Tener dolor en el glúteo o la pierna no significa automáticamente que exista una hernia discal. La exploración neurológica ayuda a determinar si realmente hay afectación de una raíz nerviosa.

La ciática tampoco constituye por sí sola una urgencia. La urgencia aparece cuando se acompaña de determinados cambios neurológicos, alteraciones urinarias o pérdida progresiva de fuerza.

 

Señales de alarma ante un dolor lumbar

La mayoría de las lumbalgias no están relacionadas con una enfermedad grave. No obstante, existen síntomas y antecedentes que justifican una valoración médica rápida.

Una señal de alarma aislada no confirma por sí misma una patología seria. Debe interpretarse dentro del conjunto de síntomas, antecedentes y resultados de la exploración.

 

Alteraciones urinarias, intestinales o pérdida de sensibilidad

Debes acudir a urgencias si el dolor lumbar o la ciática se acompañan de:

 

  • Dificultad reciente para comenzar a orinar.
  • Incapacidad para vaciar correctamente la vejiga.
  • Pérdida de la sensación normal al orinar.
  • Incontinencia urinaria o fecal de aparición reciente.
  • Pérdida de sensibilidad alrededor de los genitales, el ano o la cara interna de los muslos.
  • Sensación extraña al limpiarse después de ir al baño.
  • Cambios repentinos en la función sexual.
  • Debilidad intensa o progresiva en ambas piernas.

Estos síntomas pueden estar relacionados con un síndrome de la cola de caballo, una complicación poco frecuente, pero potencialmente grave, que requiere una valoración hospitalaria inmediata.

 

Traumatismo importante o posible fractura

Se recomienda valoración médica cuando el dolor comienza después de:

 

  • Una caída desde cierta altura.
  • Un accidente de tráfico.
  • Un golpe directo importante.
  • Un traumatismo menor en una persona con osteoporosis.
  • Un esfuerzo leve en una persona que toma corticoides desde hace tiempo.

La edad avanzada, la osteoporosis, el uso prolongado de corticoides y los traumatismos aumentan la probabilidad de fractura vertebral, especialmente cuando aparecen varios factores conjuntamente.

 

Fiebre o signos de infección

El dolor lumbar acompañado de fiebre, escalofríos o mal estado general requiere valoración médica, especialmente si existe:

 

  • Infección reciente.
  • Cirugía o procedimiento invasivo reciente.
  • Tratamiento inmunosupresor.
  • Consumo de drogas por vía intravenosa.
  • Heridas o infecciones activas.
  • Sistema inmunitario debilitado.

Antecedentes de cáncer

Una persona con antecedentes de cáncer debe consultar si aparece un dolor lumbar nuevo, persistente y sin explicación clara, especialmente cuando se acompaña de pérdida de peso, fatiga importante o empeoramiento progresivo.

Los estudios sobre señales de alarma indican que el antecedente personal de cáncer es uno de los datos clínicos que más aumenta la sospecha de una posible afectación tumoral de la columna.

 

Pérdida progresiva de fuerza

La pérdida de fuerza en una pierna, la dificultad creciente para caminar, la caída del pie o el empeoramiento neurológico requieren una valoración médica.

No debe confundirse la pérdida real de fuerza con el miedo a mover la pierna por dolor. Una exploración neurológica permite diferenciarlas.

 

Dolor inflamatorio

Debe valorarse la posibilidad de una enfermedad inflamatoria cuando el dolor:

 

  • Comienza a una edad joven.
  • Se mantiene durante más de tres meses.
  • Empeora con el reposo.
  • Mejora al moverse.
  • Despierta durante la segunda mitad de la noche.
  • Produce rigidez matutina prolongada.
  • Se acompaña de psoriasis, inflamación ocular o enfermedad intestinal inflamatoria.

No suele tratarse de una urgencia hospitalaria, pero sí requiere una consulta médica para estudiar una posible espondiloartritis.

Lumbalgia: causas, alarmas y tratamiento de fisioterapia

¿Cuándo pedir cita con un fisioterapeuta?

Puedes acudir a fisioterapia cuando el dolor lumbar:

  • Limita tus actividades cotidianas.
  • Se repite con frecuencia.
  • No mejora progresivamente.
  • Aparece al entrenar o trabajar.
  • Te impide dormir o descansar con normalidad.
  • Produce miedo al movimiento.
  • Se extiende hacia el glúteo o la pierna.
  • Ha reducido tu fuerza, movilidad o capacidad física.
  • Reaparece cada vez que vuelves al deporte.

El fisioterapeuta también debe reconocer cuándo la fisioterapia no es el primer tratamiento indicado y cuándo es necesario derivar al paciente para una valoración médica.

 

¿Cómo se valora una lumbalgia en fisioterapia?

El tratamiento no debería comenzar aplicando directamente un masaje, una máquina o una manipulación.

La primera sesión debe incluir una valoración individual que permita entender el problema y descartar posibles señales de alarma.

 

Entrevista clínica

El fisioterapeuta puede preguntar:

  • Cuándo comenzó el dolor.
  • Si apareció de forma repentina o progresiva.
  • Qué movimientos lo aumentan o disminuyen.
  • Si se extiende hacia una pierna.
  • Si existen hormigueos o pérdida de sensibilidad.
  • Si ha cambiado la fuerza.
  • Qué actividades laborales o deportivas realizas.
  • Si has tenido episodios anteriores.
  • Cómo estás durmiendo.
  • Qué pruebas y tratamientos has recibido.
  • Qué enfermedades, operaciones o medicamentos deben tenerse en cuenta.

Exploración física

Dependiendo de los síntomas, la exploración puede incluir:

 

  • Movilidad lumbar.
  • Movilidad de cadera.
  • Fuerza de tronco y extremidades.
  • Sensibilidad y reflejos.
  • Pruebas neurológicas.
  • Pruebas de movilidad neural.
  • Capacidad para agacharse, levantarse o cargar peso.
  • Control y coordinación del movimiento.
  • Tolerancia a caminar, correr o permanecer sentado.
  • Gestos relacionados con el trabajo o el deporte.

El objetivo no es encontrar una supuesta vértebra “fuera de su sitio”, sino identificar qué movimientos están limitados, qué actividades desencadenan el dolor y qué capacidades deben recuperarse.

 

¿Es necesaria una resonancia para diagnosticar la lumbalgia?

En la mayoría de los episodios de lumbalgia inespecífica no es necesario realizar una radiografía o una resonancia magnética.

Las guías clínicas recomiendan no solicitar pruebas de imagen de forma rutinaria cuando no existen señales de alarma. La prueba debería realizarse cuando existe sospecha de una patología específica o cuando su resultado pueda cambiar el tratamiento.

Además, encontrar una protrusión, degeneración discal o artrosis en una resonancia no demuestra necesariamente que esa sea la causa del dolor.

Una revisión científica publicada en American Journal of Neuroradiology observó que los cambios degenerativos de la columna son frecuentes en personas sin dolor y aumentan con la edad. Por ejemplo, la degeneración discal aparecía en aproximadamente el 37 % de las personas asintomáticas de 20 años y en el 96 % de las personas asintomáticas de 80 años.

Las imágenes deben interpretarse junto con los síntomas y la exploración. Tratar únicamente una resonancia puede llevar a intervenciones innecesarias y a generar más miedo en el paciente.

 

Tratamiento de fisioterapia para la lumbalgia

El tratamiento debe adaptarse al tipo de dolor, su duración, la presencia de síntomas neurológicos, las actividades del paciente y los factores que dificultan la recuperación.

No existe una técnica que funcione igual para todas las personas.

 

Educación y comprensión del dolor

Entender qué ocurre reduce la incertidumbre y ayuda a recuperar la confianza.

Durante el tratamiento se puede explicar:

  • Qué factores parecen estar contribuyendo al dolor.
  • Qué movimientos son seguros.
  • Qué actividades conviene adaptar temporalmente.
  • Cómo diferenciar una molestia tolerable de un empeoramiento importante.
  • Cómo retomar progresivamente el trabajo o el deporte.
  • Qué evolución se espera.
  • Qué síntomas justificarían una nueva valoración.

La educación no consiste en decir simplemente que “no tienes nada”. El dolor es real, aunque no exista una lesión grave o una alteración visible que lo explique completamente.

 

Mantener la actividad

El reposo prolongado en cama no suele ser recomendable.

En las primeras fases puede ser necesario reducir temporalmente las tareas que aumentan mucho los síntomas, pero conviene mantener aquellas actividades que sean tolerables.

Caminar, cambiar de postura, realizar movimientos suaves y conservar cierta rutina puede ayudar a evitar la pérdida de capacidad física y el miedo al movimiento.

Las guías NICE recomiendan proporcionar información individualizada y animar al paciente a continuar con sus actividades normales dentro de lo posible.

 

Ejercicio terapéutico

El ejercicio es uno de los componentes principales del tratamiento de la lumbalgia persistente.

Puede incluir:

  • Ejercicios de movilidad lumbar y de cadera.
  • Fortalecimiento del tronco.
  • Trabajo de glúteos y piernas.
  • Ejercicio aeróbico.
  • Control y coordinación del movimiento.
  • Exposición progresiva a flexiones, rotaciones o cargas.
  • Ejercicios relacionados con el trabajo.
  • Readaptación para correr, saltar o practicar deporte.

No existe un único tipo de ejercicio superior para todos los pacientes. La elección debe tener en cuenta las preferencias, objetivos, limitaciones y respuesta de cada persona.

Una revisión Cochrane encontró evidencia de certeza moderada de que el ejercicio probablemente reduce el dolor en personas con lumbalgia crónica en comparación con no realizar tratamiento, recibir cuidados habituales o placebo.

 

Terapia manual

Las movilizaciones articulares, las técnicas sobre tejidos blandos y otras formas de terapia manual en fisioterapia pueden utilizarse para:

  • Reducir temporalmente el dolor.
  • Mejorar la movilidad.
  • Facilitar determinados movimientos.
  • Disminuir la sensación de rigidez.
  • Crear una oportunidad para comenzar el ejercicio.

La terapia manual no debería ser el único tratamiento ni generar dependencia.

Las guías clínicas recomiendan utilizarla como parte de un programa que incluya ejercicio y, cuando sea necesario, intervención sobre factores psicológicos.

 

Recuperación de la fuerza y la tolerancia a las cargas

Cuando el dolor disminuye, el tratamiento debe avanzar hacia las actividades que el paciente necesita realizar.

Esto puede incluir:

 

  • Levantar peso desde el suelo.
  • Permanecer sentado durante más tiempo.
  • Cargar bolsas o herramientas.
  • Trabajar inclinado.
  • Volver al gimnasio.
  • Correr.
  • Jugar al fútbol, pádel o tenis.
  • Retomar trabajos físicamente exigentes.

En pacientes deportistas, la fisioterapia deportiva y la readaptación de lesiones permiten recuperar progresivamente la fuerza y la tolerancia necesarias para volver a entrenar.

 

Abordaje de los factores que mantienen el dolor

Cuando la lumbalgia persiste, puede ser necesario actuar también sobre:

 

  • Miedo a moverse.
  • Evitación de actividades.
  • Estrés.
  • Alteraciones del sueño.
  • Baja condición física.
  • Preocupación excesiva por los hallazgos de una resonancia.
  • Problemas laborales.
  • Episodios repetidos de dolor.
  • Falta de confianza en la espalda.

La Organización Mundial de la Salud recomienda un enfoque integral y centrado en la persona que tenga en cuenta los factores físicos, psicológicos y sociales. También señala que puede ser necesario combinar distintas intervenciones en lugar de depender de una sola técnica.

Tratamientos que no deberían utilizarse de forma rutinaria

Tener más herramientas no significa necesariamente obtener mejores resultados.

Según las guías NICE, no se recomienda utilizar rutinariamente para la lumbalgia inespecífica:

 

  • Tracción lumbar.
  • Corsés y cinturones lumbares.
  • TENS.
  • Ultrasonido terapéutico.
  • Terapia interferencial.
  • Acupuntura.
  • Inyecciones espinales para el dolor lumbar inespecífico.

Esto no significa que todos los pacientes deban recibir exactamente el mismo tratamiento. Significa que estas intervenciones no deberían sustituir a la educación, el ejercicio y la recuperación progresiva de la actividad.

Una revisión publicada en 2025, que analizó 301 ensayos controlados con placebo, concluyó que solo una pequeña parte de los tratamientos no quirúrgicos estudiados mostró un beneficio claro sobre el dolor y que los efectos encontrados fueron generalmente modestos. Esto refuerza la necesidad de evitar promesas rápidas y aplicar tratamientos personalizados con objetivos funcionales.

 

¿Qué puedo hacer durante un episodio de lumbalgia?

Mientras no existan señales de alarma, suelen ser útiles estas recomendaciones:

  • Evita permanecer todo el día en cama.
  • Cambia de postura con frecuencia.
  • Camina distancias cortas si lo toleras.
  • Reduce temporalmente las actividades que disparan claramente el dolor.
  • No abandones por completo el movimiento.
  • Utiliza el calor si te produce alivio.
  • Evita realizar estiramientos agresivos sin saber si son adecuados.
  • No intentes “colocar” la espalda mediante movimientos bruscos.
  • Retoma progresivamente tus actividades.
  • Consulta si el dolor empeora, se extiende a la pierna o aparecen síntomas neurológicos.

No es necesario esperar a estar completamente sin dolor para comenzar a moverse. La progresión debe realizarse según la tolerancia y la evolución.

 

Errores frecuentes al tratar una lumbalgia

Pensar que el dolor siempre significa daño

Un dolor intenso puede aparecer sin que exista una lesión grave. El sistema nervioso puede aumentar su sensibilidad como mecanismo de protección.

 

Culpar únicamente a la postura

Las posturas influyen, pero rara vez explican por sí solas una lumbalgia.

 

Solicitar una resonancia de forma inmediata

Cuando no existen señales de alarma, una prueba de imagen suele aportar poca información útil y puede mostrar cambios normales relacionados con la edad.

 

Guardar reposo absoluto

Evitar cualquier movimiento durante varios días puede aumentar la rigidez, reducir la fuerza y retrasar la vuelta a la actividad.

 

Depender exclusivamente del masaje o de una máquina

Los tratamientos pasivos pueden proporcionar alivio, pero el progreso a medio y largo plazo suele requerir participación activa.

 

Tener miedo a doblar la espalda

La flexión lumbar es un movimiento normal. En algunos momentos puede ser necesario reducirla, pero el objetivo final suele ser recuperar su tolerancia progresivamente.

 

Buscar una solución idéntica para todos

Una persona sedentaria, un corredor, un trabajador que carga peso y un paciente con dolor persistente necesitan planes diferentes.

 

¿Cuánto tarda en mejorar una lumbalgia?

No existe un plazo exacto aplicable a todos los pacientes.

La recuperación depende de:

  • La intensidad inicial del dolor.
  • La duración de los síntomas.
  • La existencia de dolor irradiado.
  • Los episodios anteriores.
  • La condición física.
  • El descanso.
  • La actividad laboral.
  • El miedo al movimiento.
  • La adherencia al tratamiento.
  • La presencia de otros problemas de salud.

Muchas lumbalgias agudas mejoran progresivamente en días o semanas. Los casos persistentes pueden requerir un proceso más largo, centrado no solo en reducir el dolor, sino en recuperar la capacidad para trabajar, entrenar y realizar actividades cotidianas.

 

Fisioterapia para lumbalgia en Vallecas

En Erre Fisioterapia Vallecas realizamos una valoración individual para conocer las características del dolor, comprobar la función neurológica, analizar el movimiento y detectar posibles señales de alarma.

A partir de esa valoración, el tratamiento puede combinar:

  • Educación sobre el dolor.
  • Terapia manual.
  • Ejercicio terapéutico.
  • Recuperación de la movilidad.
  • Fortalecimiento progresivo.
  • Adaptación temporal de las cargas.
  • Readaptación laboral o deportiva.
  • Recomendaciones para reducir el riesgo de nuevos episodios.

Nuestro equipo está formado por fisioterapeutas titulados y colegiados con formación en terapia manual, tratamiento del dolor persistente, fisioterapia deportiva y recuperación funcional.

El objetivo no es aplicar el mismo protocolo a todos los pacientes, sino identificar qué factores están limitando a cada persona y ayudarle a recuperar confianza, movimiento y autonomía.

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